ARGOS

La peligrosa labor del periodista en México

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Victoria Herrera

En lo que va de 2017 han sido asesinados siete periodistas (El Universal, Los nombres y rostros de los periodistas asesinados en 2017, 26/06/2017), más el periodista Jonathan Rodríguez Córdova, que no se menciona en la nota anterior, asesinado en Jalisco en el mes de mayo, según El Economista en ¿Quiénes son los 7 periodistas asesinados en el 2017?, del 16 de mayo. En comparación con el año anterior que sumaron 11 en este primer semestre ya suman ocho.

Para seguir con la enumeración de las amenazas a este gremio se adhiere la investigación que reveló The New York Times los días 19 y 20 de junio de 2017, en la que afirmó que algunos periodistas mexicanos estaban siendo espiados a través de un software llamado Pegasus, programa espía que “puede rastrear todas tus conversaciones, correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas…”, de procedencia israelí y que fue diseñado para combatir el terrorismo, cárteles de drogas o grupos delictivos, por lo que se culpó al Estado mexicano por proceder de forma ilegal; pues los informes de la investigación demuestran que la Procuraduría General de la República (PGR), el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) han adquirido el software de NSO Group con otros fines a los previstos.

Luego en el El Universal del 25 de junio se publicó otra nota sobre un periodista que hace poco fue a investigar el tráfico de drogas en Ciudad Universitaria; cuando los malandros se enteraron de su labor, no tardaron en enviarle un mensaje intimidatorio.

¿A qué se deben dichas amenazas? ¿Los periodistas no están haciendo bien su labor y ése es su castigo?  ¿O han estado revelando verdades ocultas? ¿De quién? ¿Cuál es valor de estas verdades o secretos?

Desde la segunda mitad del siglo XIX el periodismo no era una profesión prioritariamente informativa, sino de opinión política y en México jugó un papel importante.

Los literatos-historiadores-periodistas orientaron su pluma y sus columnas para opinar en torno a la lucha entre conservadores y liberales. De esta forma, el periodismo comenzó a tener una función social con la que cada partido defendía su postura.

De parte de los liberales se multiplicaron escritores reconocidos por defender la soberanía nacional, como Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio, Guillermo Prieto, Manuel Payno, entre otros. Éstos fueron perseguidos y encarcelados en su momento por el ala conservadora representada por Maximiliano de Habsburgo, por lo que en muchas ocasiones escribieron de forma clandestina, es decir, con seudónimos, mecanismo que en el siglo siguiente fue muy socorrido.

El problema del periodismo de hace dos siglos y del actual es que las investigaciones de los periodistas siempre afectan intereses personales o de grupo, pero… ¿Existe una solución? Abandonar la labor periodística o esconderse no es la alternativa. Alguien más lo va a hacer.

Sin embargo, hasta que los intereses privados no primen sobre la sociedad este problema y muchos otros tendrán su fin. Mientras no. Nunca se van a terminar los espías del gobierno, del narco, etc. Porque, como sentenció George Orwell: “el que controla el pasado controla el futuro, el que controla el presente controla el pasado.”

Y ¿quién controla el presente? Quien tiene mayor cobertura mediática, que en nuestro país esta cooptada por dos grandes cadenas televisivas: Televisa y TvAzteca.  Estas empresas son las que han controlado nuestra historia por medio de sus difusores; es por eso que la educación es de muy mala calidad.

Pero si controlamos nuestro presente a través de un periodismo crítico podríamos conocer objetivamente y totalmente nuestra historia y, por lo tanto, nuestro devenir histórico. Entonces, sí hay solución. Ahí cae el peso en la balanza. Por eso desde que comenzó el periodismo crítico se ha querido silenciarlo a como dé lugar. Mientras los “secretos” no salgan a la luz pública para los afectados es mejor.