EDITORIAL

Amenaza mundial

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Buzos de la Noticia

La tendencia del sistema capitalista en su fase superior es una tendencia a la derrota, al debilitamiento y a la desaparición; así lo demuestra la historia en el último siglo; las ideas científicas, las teorías revolucionarias, han probado una y otra vez su validez y los pueblos van tomando conciencia a pesar de los intentos del imperio para impedirlo.

Se cumplen inexorablemente las leyes objetivas, económicas y sociales del sistema, cada vez más impotente frente al agravamiento de sus problemas y la negativa de los pueblos a ser juguete de la voluntad estadounidense; la desesperación del capital se manifiesta claramente cuando éste no encuentra la manera de penetrar pacíficamente y para ampliar sus mercados no tiene más remedio que emplear la brutalidad de siempre.

Los medios imperialistas de comunicación difunden la idea de que la República Popular Democrática de Corea (Norcorea) es la principal amenaza para el mundo por su odio contra Occidente, sus pruebas nucleares y su desobediencia a los dictados de Washington y de los organismos internacionales que comanda en lo que se refiere a las armas y experimentos nucleares.

Se trata de hacernos creer que Estados Unidos (EE. UU.) posee el derecho exclusivo de producir armas letales y los demás países están obligados a permanecer inermes, condenados a someterse a los mandatos del capital mundial. Se pretende apartar la atención de la verdadera amenaza de exterminio de la humanidad: no es Norcorea, sino el imperialismo, el culpable de haber conducido al planeta al grave peligro no solo de la extinción de la especie humana, sino de todos los seres vivos; Norcorea, al igual que otros países, sigue el ejemplo de EE. UU. y recorre el mismo camino militar marcado por esta potencia; es la gran industria quien ha llevado al planeta a un calentamiento que, de no detenerse, nos llevará muy pronto a la extinción. 

Norcorea jamás agredió militarmente a EE. UU., mientras que éste la invadió a mediados del siglo pasado, tratando de someterla a sus intereses; pero su aventura militar fracasó. La Guerra de Corea es una de las pruebas históricas de que el imperialismo no es invencible; su resultado fue la división de esa península en dos: un país socialista y otro bajo el yugo del capital mundial, que nunca ha perdonado a Corea del Norte esta derrota. Así se explica toda la campaña que el gobierno estadounidense ha venido librando contra ese país desde 1956. Actualmente, EE. UU. tiene rodeada a Norcorea con armamento nuclear y está listo para usarla como puente para agredir a otras potencias como China y Rusia.

La historia tiene registrado estos hecho: EE. UU. creó y usó las primeras bombas atómicas asesinando a millones de seres humanos; nadie más ha hecho algo semejante. Fue EE. UU. quien utilizó las más terribles armas químicas para diezmar a la población vietnamita, defensora de su nación contra el invasor norteamericano.

La supremacía militar la otorga la posesión de armas nucleares y EE. UU. es quien posee el más grande arsenal nuclear del planeta. Queda claro en donde se encuentra la principal amenaza mundial, la amenaza de extinción de todos los seres vivos.

Frente a las terribles consecuencias que puede acarrear la irracionalidad militar, solo hay una fuerza capaz de conducir a la humanidad por otra senda: la acción de todos los pueblos de la tierra, incluido el de EE. UU., sometiendo a su gobierno belicista y haciendo retroceder y desaparecer el uso de la energía nuclear con fines militares. La conciencia de esta necesidad ya se siente nacer en el mismo seno del imperio.