SEXTANTE

Objetivo: París

 

Rodrigo Plá es un director de cine uruguayo afincado en México, país en el que ha hecho prácticamente toda su carrera fílmica. Sus cintas se caracterizan por un “contenido humano” (no propiamente de denuncia social o compromiso político).

Desde 2005, cuando filmó Desierto adentro, hasta el último de sus filmes, su temática oscila entre el drama convencional y el thriller cargado de humor negro

. La última película de Plá se realizó en 2016: Un monstruo de mil cabezas, en ella cuenta la historia de una mujer psicótica que está desesperada porque su esposo padece cáncer y la compañía aseguradora no quiere que se le aplique el tratamiento médico adecuado, porque ello implica una muy alta erogación por concepto de gastos médicos.

Sonia (Jana Raluy), acompañada de un hijo adolescente (Sebastián Aguirre), inicia un violento periplo para conseguir que la aseguradora apruebe el tratamiento, pero se topa con la negligencia, corrupción, insensibilidad y falta de escrúpulos de los médicos y directivos de la compañía.

Esta terrible situación que vive su familia la lleva a tomar la decisión de obligar, pistola en mano, a que cada uno de los personajes involucrados autorice o firme la aprobación del tratamiento, ya que su esposo corre el inminente peligro de fallecer.

Sonia recurre primero a los médicos que diagnosticaron a su cónyuge, quienes son los responsables inmediatos de que se le haya negado el tratamiento pese a la gravedad del mal y las onerosas cuotas del seguro que paga.

Incluso se atreve a ir a verlos a un exclusivo club deportivo y de masajes; cuando los dos médicos están desnudos y disfrutando de un baño sauna, los obliga a vestirse, pero cuando ambos le indican que es otro médico el que puede hacer el trámite y uno de ellos intenta escapar a su secuestro, le dispara y lo hiere en la pierna.

Huye con su hijo y va a ver al médico que le nombraron, quien le dice que la autorización le corresponde a la accionista encargada de revisar esos asuntos.

En la metáfora de Plá el Monstruo de mil cabezas es un intrincado aparato de burócratas, integrado por mercachifles a los que les importa un bledo la vida de sus clientes; un monstruo implacable al que solamente le interesa la obtención de jugosas ganancias y al que ningún ciudadano común y corriente puede derrotar. 

A pesar de secuestrar y herir a algunos de los que se interponen en su idea de salvar a toda costa a su marido, Sonia es abatida de un repentino y certero balazo en la casa de la accionista, cuando tiene a ésta sometida con un arma en la nuca y amenaza con dispararle si no firma definitivamente la autorización del tratamiento.

Por supuesto, es la policía quien evita que esa mujer enloquecida por la desesperación y la angustia logre su objetivo y salve a su esposo. 

Cae herida, es llevada al hospital y ahí recibe la noticia de que su esposo ha fallecido. En la secuencia final, Sonia está con su hijo, y le dice “cuando salga de esto, ya estaremos listos para un banco”.

Humor negro, sin duda alguna, pero que no deja de reflejar, aun sin el deseo claro del director, la inmensa tragedia que sufren millones de seres humanos cuando las compañías aseguradoras y todas las mafias que las protegen abusan inmisericordemente de sus clientes.

 A pesar de tener un sentido realista y dejar clara la imagen de la crueldad extrema que tienen las compañías capitalistas que en realidad no “protegen” a sus clientes cuando se trata de erogar dinero, Plá no plantea una crítica más profunda o esencial del sistema económico y social que genera este tipo de engendros empresariales altamente depredadores.

Tampoco tiene el aliento progresista para, aunque sea “metafóricamente”, inducir a la población engañada, defraudada, a hacer frente al Monstruo de mil cabezas.

La cinta de Plá es algo parecido al cine “negro” que estuvo en boga en los años 50 y 60 del siglo pasado; una cinematografía en la que los personajes están sometidos a un destino imposible de modificar y no hay, por lo tanto, ninguna salida. Un cine lleno de pesimismo social.