CULTURA/ POESÍA

WILLIAM SHAKESPEARE

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

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Buzos de la Noticia

 


WILLIAM SHAKESPEARE fue bautizado el 26 de abril de 1564 en Stratford-upon-Avon y murió el 23 de abril de 1616 según el calendario juliano, aunque el calendario gregoriano señale como fecha de su fallecimiento el tres de mayo de ese mismo año.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA Nació el 29 de septiembre de 1557 en Alcalá de Henares y murió en Madrid, España el 22 de abril de 1616.
Ambos fueron producto de una época de grandes cambios sociales y de una profunda revolución en la literatura; buzosrinde homenaje esta semana a los dos genios mayores de la literatura universal.

William Shakespeare
SONETOS (*)
XXIX
Cuando en desgracia de hombres y fortuna
lamento mi abandono sin testigo
y al cielo mi clamor inoportuna
y a mi estrella la enfrento y la maldigo;
 
queriendo ser más rico en esperanza
como el que es más apuesto y talentoso,
como el que amigos o poder alcanza
menos contento con lo que más gozo;

no obstante que el desprecio me desdora
si pienso por azar en ti, mi estado,
cual despega la alondra por la aurora

himnos proclama al celestial estrado.
Tu recuerdo es valor de tal cuantía
que con los reyes no lo trocaría.

XXX
Cuando a sesión de calmo pensamiento
convoco los recuerdos del pasado
la pérdida de antaño es lo que siento
y el tiempo agoto en un pensar gastado;

se arrasa mi ojo, casi siempre enjuto
por amigos sepultos en la noche,
lloro otra vez con revivido luto
de esfumadas visiones el derroche.

Puedo llorar por penas transcurridas
de pena en pena, así, pesadamente,
contar series de penas ya gemidas

por las que ahora pago nuevamente.
Pero cuando en ti pienso, buen amigo,
todo lo encuentro y el penar mitigo.

CXXXVIII
Cuando mi amada jura que no miente
le creo, aunque sé que eso no es cierto,
así me cree ingenuo adolescente
en mundanas argucias inexperto.

Creyendo en vano que ella me cree mozo
aunque sabe del curso de mis años
le doy fe a su labio mentiroso
conque por ambos lados hay engaños.

Mas ¿por qué no dice ella que me miente
y por qué no le digo que soy viejo?
Porque es de amor costumbre fe aparente

y en amor la vejez es mal consejo.
En la mentira yo con ella yago
y a ambos la mentira nos da halago.

CL
¿De qué poder tuviste los poderes
de guiar mi corazón tu alevosía,
de cautivarme falsos pareceres
de negar que la luz agracia al día?

¿De dónde es que embelleces lo dañino,
que hasta en tus mismas faltas y perjuicios
hay tanta fuerza y tanto ingenio fino
que en mí superan todo bien tus vicios?

¿Quién te enseñó a lograr que yo te ame
cuantas más causas de odio en ti he encontrado?
Si lo que amo a los otros es infame

con los otros no habrás de odiar mi estado.
Si se alza mi amor por tu malicia
más digno de tu amor soy, en justicia.
(*) Versión de Miguel Ángel Montezanti

Miguel De Cervantes Saavedra
OVILLEJOS
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
Amor.
¿Y quién mi gloria repuna?
Fortuna.
¿Y quién consiente en mi duelo?
El cielo.
De ese modo, yo recelo
morir deste mal estraño,
pues se aumentan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
Locura.
De ese modo, no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

EL DESDÉN
Romance
A tus desdenes, ingrata,
tan usado está mi pecho,
que de ellos ya se sustenta
como el áspid del veneno.
En tu amor pensé anegarme,
pensé abrasarme en tu fuego;
mas ya no temo a tus brasas,
tampoco a tus hielos temo.
Tormentas me son bonanzas
y duros naufragios puertos;
como simple mariposa,
por lo que me mata, muero.
Digiero yo tus desdenes
como el avestruz el hierro,
aunque en los míos no se halla
causa por do los merezco.
Pero basta ser tu gusto
para que confiese haberlos,
que, aunque con obras me ofendes,
no en pensamiento te ofendo.
Pasados son dos veranos
(para mí siempre es invierno);
los árboles reverdecen,
y yo siempre mustio y seco.
Revístense de esperanza,
yo de esperar desespero;
llevan dulcísimos frutos,
yo amargos suspiros llevo.
Al fin es mi voluntad
veleta para tus vientos;
hiele, ventisque y granice,
que yo no quiero otro tiempo,
porque para resistirle
muy buen pellizco me tengo,
guarnecido de paciencia
y aforrado en sufrimiento.
Pasadas son treinta lunas,
y no hay mudanza en los tiempos,
siempre yo las veo menguantes
y crecer mis ansias veo.
Todas las cosas se mudan,
y tú no mudas de intento,
siempre muda a mis razones
y siempre sorda a mis ruegos.
Aunque no quiero mudanzas,
que de tu condición creo
que cuando acaso te mudes,
será de desdén a celos;
y habiendo de ser así, de tal mudanza reniego,
que es mejor andar con quejas
que padecer mal de perros.
Tampoco favores tuyos
los quiero ni los pretendo,
que se ha ya estragado el gusto,
y ningún gusto pretendo.
Si acaso sueño algún bien,
como es ordinario en sueños,
con el temor de enojarte
sobresaltado despierto.
Mira, cruel, qué me debes;
pues no sufro cuando duermo
a tu disgusto mis gustos
y en los tuyos me desvelo.
Al fin mis deseos vistos,
es ver lo que tus deseos;
y quiero lo que tú quieres,
pues no quieres lo que quiero.