OPINIÓN

La realidad terrible

Omar Carreón Abud
Omar Carreón Abud es ingeniero Agrónomo y luchador social en el estado de Michoacán. Articulista , conferencista y autor del libro: Reivindicar la verdad

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía informó hace unos días que la parte de la riqueza nacional que les toca a los trabajadores es muy pequeña y que se está reduciendo. Son datos duros que reiteran lo que hemos venido diciendo: en México hay una injusta distribución de la riqueza y ello es origen y causa de la gran mayoría de los graves problemas que existen.

Veamos los datos: en el año 2012, el Producto Interno Bruto, o sea, el valor en pesos de todo lo que se produjo durante el año en mercancías y servicios, ascendió a 15.106 billones de pesos y, de ello, a los trabajadores -lo que se conoce como la masa salarial- les correspondió 4.111 billones de pesos, lo que equivale a un 27.2 por ciento.

En otras palabras, de cada peso de riqueza que se produce en México, al trabajador, que es el que la produce, sólo le tocan 27.2 centavos. Esa es la verdad desnuda.

Pero, ahora viene lo más revelador: hace 11 años, en 2003, la parte que le tocaba a los trabajadores era mayor; en aquel año, la masa salarial equivalía a 30.8 por ciento del PIB, de cada peso producido, al trabajador le tocaban 30.8 centavos, ahora sólo le tocan 27.2 centavos.

¿A dónde vamos? Si aceptamos que el tamaño de la economía, el PIB, pues, ha estado creciendo, poco, muy poco, pero ha estado creciendo, vale preguntarse entonces ¿para qué sirve tener una producción mayor de riqueza si de ella al trabajador le queda cada vez más poco, porque el resto, la parte del león, se va en diferentes formas a minorías privilegiadas que tienen en la cúspide al hombre más rico del mundo.

Recuerdo e insisto en que son datos del INEGI que es –sutilezas jurídicas aparte- una institución gubernamental que está muy lejos de prestarse a sospecha de estar alterando los datos en perjuicio de quien la sostiene.

Según los datos oficiales que consigno, eso le toca en porcentaje a la clase trabajadora, pero, ¿cuánto le tocaría en dinero aunque sea en promedio?

Digo “aunque sea en promedio” porque los promedios son estimaciones que hacen abstracción de los extremos y no faltará algún atento lector que diga “pues a mi no me tocó tanto” y será absolutamente cierto; no obstante, de algo sirven los promedios.

Veamos: si se divide la masa salarial entre los puestos de trabajo existentes, les toca a quienes están en los empleos formales una remuneración promedio de 104 mil 145 pesos al año, que equivalen a 8 mil 678 pesos al mes y a 289 pesos diarios; pero, a los que no están en esos empleos, sino en la llamada “economía informal”, les tocan solamente 54 mil 512 pesos al año que les significan 4 mil 512 pesos al mes y 151 pesos diarios.

A los que mejor les va, pues, les corresponden en promedio 289 pesos diarios, una cantidad absolutamente insuficiente para una vida digna.

En datos oficiales, ahí está la pobreza, ahí está la causa de los males de México. Ahí está la causa del hambre y la mala alimentación, de la obesidad que ahora recibe tanta propaganda, de las enfermedades curables que se vuelven crónicas para millones de personas, de la falta de educación, del analfabetismo funcional, de las familias deshechas porque el padre y los hermanos mayores, a pesar de todo, se van a Estados Unidos o a las grandes ciudades, del aumento exponencial de la depresión y los suicidios, del alcoholismo y la drogadicción que tiene aterrados a millones de padres y madres de familia, de la delincuencia, la mayor y la menor, ahí está, pues, la causa de las protestas sociales que cada día son más frecuentes y más numerosas.

Pero, como en efecto, los promedios nacionales son engañosos, acerquemos un poco más la lente y veamos qué pasa en Michoacán, uno de los seis estados más pobres del país.

Tomando en cuenta que la inmensa, la escandalosa mayoría de los trabajadores, está en la economía informal, es decir, que ahí se gana la vida el 71 por ciento de los michoacanos que tienen algún empleo, si hablamos de los que sí lo tienen insisto, según Coneval, otra institución del gobierno, el 17.30 por ciento gana el salario mínimo, se decir, 63.77 pesos diarios.

¿Qué puede comprarse con 67 pesos y 77 centavos diarios? Quizá sólo un poco de inhalante para evadirse de la realidad terrible. A todos estos “trabajadores formales” de salario mínimo, deben sumárseles todos aquellos que no ganaron nada y que son 129 mil 863 michoacanos, todo lo cual nos lleva al dato síntesis: 45.4 por ciento, casi la mitad de los michoacanos, no puede adquirir la canasta básica, es decir, tiene hambre.

¿Puede, pues, llamársele exitoso a un modelo económico que produce y reproduce todo esto? De ninguna, pero de ninguna manera. Y si todo esto no convence de que así no podemos seguir, veamos qué repercusiones tiene la situación para los inversionistas y, como no quiero seguir abrumando al amable lector más datos sólo voy a utilizar uno muy representativo de lo que pasa en Michoacán.

En días pasados, en una entrevista periodística, el representante del equipo de futbol Monarcas con sede en Morelia, declaró que en la temporada pasada el estadio Morelos en el que juega el equipo, tuvo una asistencia con boleto pagado de unos 6 mil 500 aficionados por partido. Seis mil 500 lugares en un estadio al que le caben unos 50 mil aficionados, algo muy grave está pasando.

No me detengo en el hecho de que el equipo no ha presentado buenos resultados porque no es la primera vez que sucede y siempre la afición ha sido muy fiel a su equipo y el futbol convoca multitudes en todas partes ¿Qué pasa entonces? “Es la economía, estúpido”, como se dijo en la estrategia electoral de Clinton contra Bush, es la economía, la capacidad de compra, los ingresos disponibles, es, pues, lo que los economistas llaman la debilidad del mercado interno.

En resumidas cuentas, los trabajadores con hambre y los empresarios sin vender sus mercancías y sus servicios.

Mal, muy mal andamos. La actividad del gobierno para reactivar el empleo y los buenos salarios, brilla por su ausencia. Michoacán tiene una deuda pública gigantesca y, dice La Voz de Michoacán en su primera página del 17 de septiembre: “Buscará gobierno otra reestructura de deuda pública”, ¿¡otra!? estamos ante la “reestructura” de nunca acabar; y otra vez La Voz del mismo día: “Bailando, mil 610 mdp de empleados”, las secretarías de Educación y Salud, no han realizado pagos a terceros institucionales, como ISSSTE y FOVISSSTE; hay 13 mil adeudos del Programa Nacional de Becas en perjuicio de estudiantes que duran ya cinco meses; se les deben cantidades multimillonarias a constructores y proveedores y, a otros, en cambio, se les han entregado recursos millonarios y tienen las obras paradas desde hace meses y no se actúa contra ellos; hay muchos millones de pesos en recursos federales entregados desde hace meses al gobierno del estado que se han hecho ojo de hormiga y las obras no inician, etc., etc., así hasta llenar varias cuartillas más.

La realidad está tocando a la puerta, no puede seguírsele ignorando, la inacción nunca ha resuelto los problemas.