REPORTAJE MICHOACÁN

“Un líder hace más líderes”:
Wenceslao Victoria Soto
Ecos de su memoria

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Luis Miguel López Alanís

“Yo recuerdo del maestro Wences que reconocía el esfuerzo de las personas en nuestra lucha, el tiempo que le dedicaban, el empeño y, muchas veces, la aportación económica de gente que no tenía recursos, que era muy pobre y, aun así, estaban dispuestos a compartir lo que casi no tenían para apoyar la lucha: eso lo valoraba mucho el maestro Wences.

”Me acuerdo que en una ocasión hicieron un mercadito tipo kermés para recabar fondos para la organización, para celebrar el aniversario de la colonia Tierra y Libertad (hoy renombrada en su honor), y hacían ventas de alimentos y aguas de sabores; recuerdo que fue y vio la manera en que las personas estaban dispuestas a colaborar, se conmovió y fue a motivar a las señoras y señores que estaban en sus puestecitos; con todos se acercó a saludarlos de mano, a agradecerles y a valorar el trabajo que estaban haciendo.

Entonces yo era muy joven y en el momento me pareció simplemente agradable la atención que tenía con la gente; pero ahora que ya estoy grande le doy otra importancia, porque era gente cuyas aportaciones en tiempo y esfuerzo hacían falta en sus casas; sin embargo, allí estaban, al lado de Wences, con gran entusiasmo; eso le llegaba al alma al maestro y lo demostraba sin pretensiones, honestamente, dándole su lugar a la gente”.

Así se expresó la moreliana Maricarmen Silva Ramírez de Wenceslao Victoria Soto, uno de los líderes y fundadores del antorchismo en Michoacán, ya fallecido, cuyo XXVI aniversario luctuoso será conmemorado el próximo 23 de abril a las siete de la mañana en Morelia por unas 40 mil personas, quienes con este motivo refrendarán en el estadio Venustiano Carranza su compromiso de continuar la lucha por hacer realidad los ideales del extinto dirigente popular.

Este personaje michoacano se caracterizó no solo por su natural don de gentes, sino también por su profunda convicción ideológica y certeza moral de que es posible otra forma de sociedad sin la explotación del hombre por el hombre. Así lo enseñó a todo al que tuvo a su alcance, siempre fue consecuente con esta forma de pensar y se dedicó a transformar la realidad inmediata mediante la lucha social.

Por la biografía que de él publicó su organización sabemos que tras terminar sus estudios no se apartó de la lucha social. Profesor por horas de la preparatoria número 4 Isaac Arriaga, de la Universidad Michoacana, dedicó sus modestos ingresos y todo su tiempo libre a organizar a los colonos pobres de la ciudad y a dirigir sus luchas, entonces incipientes, en demanda de los servicios elementales que les eran indispensables para una vida digna.

En esta lucha, que libró en las filas del Movimiento Antorchista, al que ingresó en 1976 siendo aún estudiante de la Escuela de Biología, Wenceslao Victoria logró éxitos verdaderamente apreciables. En un período de escasos cinco años, de 1984 a 1989, fundó un total de 16 colonias en la ciudad de Morelia y sus inmediaciones con base en la organización de movilizaciones populares abocadas a conseguir servicios urbanos básicos.

Por ejemplo, en la colonia Tierra y Libertad, de Morelia, los colonos liderados por él obtuvieron terrenos, escrituraciones, agua potable, luz, drenaje, kínder y escuela primaria; el inicio de una unidad deportiva –que hoy cuenta ya con siete canchas de básquetbol, tres de futbol con pasto sintético, una de las mejores pistas de tartán del Occidente de México, iluminación para todas las canchas, la mejor alberca semiolímpica del estado, y un enorme auditorio en construcción que será orgullo de esta colonia–, una lechería, un consultorio médico, un desayunador para niños y la pavimentación de las calles con sus respectivas banquetas y guarniciones.

En la colonia Ampliación Tierra y Libertad los antorchistas consiguieron los terrenos para la fundación de la propia colonia y, en seguida, agua, luz, drenaje, kínder y escuela primaria, apertura y pavimentación del acceso, consultorio médico, pavimentación de calles y créditos para el mejoramiento de la vivienda y la colonia en general.

Bonhomía
“Persona que reconocía en la calle, misma a la que saludaba con gusto… así fuera una persona de traje o una mujer con mandil, la trataba de la misma amable manera; fueron detalles que se fueron quedando en nosotros, grabados en el corazón”, continúa Silva Ramírez, mujer de humilde origen, testigo del desarrollo que tuvo la colonia Tierra y Libertad, desde que, engañados por quien los incitó a invadir, buscaron la ayuda de los antorchistas dirigidos por Wenceslao Victoria. 

“Nunca abandonó a sus compañeros: así pasó con mi madre, Josefina Ramírez, quien por su gran capacidad personal pudo haber conquistado un mejor estatus social, pero que prefirió dedicar su vida a la lucha social, como Wences le enseñó.

Ella sufrió un terrible accidente y él estuvo muy al pendiente de ella y de la familia; consiguió apoyos económicos para cubrir todas las necesidades, hospital y curaciones; fue una persona que se quitaba la camisa por ayudar a sus compañeros; en esa ocasión él promovió e hizo todo lo posible para que mi mamá no muriera; gracias a él todavía está con nosotros.

No sé cómo le hizo, pues yo era joven, pero logró que mi madre fuera trasladada a México a un hospital para ser atendida; ahora puedo hablar por todos mis hermanos, le tenemos un agradecimiento enorme a él y a la organización, que no nos abandonaron en ese momento de sufrimiento.

Por eso nosotros, como sus hijos, damos por la organización todo lo que sea necesario y estamos dispuestos a responder de la manera que sea, sin condiciones ni ningún interés, más que por puro agradecimiento y la convicción de que no hay otra organización igual y que debemos cuidarla y fortalecerla.

“En una ocasión en la casa se hizo un convivio entre varios compañeros, una cena; la situación fue muy bonita; en ese tiempo él promovía un cuidado muy especial a la forma en que convivían las personas de la organización; allí vi un Wences muy sencillo, riendo a carcajadas por las cosas simples que decíamos; todos disfrutaron enormemente las humildes corundas, no se habló ni de política ni de compromisos de lucha; era simplemente como una familia conviviendo; todos platicaron de lo que sentían, lo que vivían de ciertas situaciones y de problemas personales, y él expresó lo satisfecho que se sentía de poder ayudar a la gente, así, sin vanidad; allí vimos a un ser humano común, igual que nosotros, que se sentía reconfortado, realizado como ser humano por su labor política”.

Hijo de obrero
Wenceslao Victoria Soto nació en Milpillas, municipio de Coatepec de Morelos, estado de Michoacán, el 28 de septiembre de 1952. Hijo de padres humildes, él obrero, ella ama de casa; la batalla comenzó desde el momento mismo en que intentó cursar la escuela primaria.

Al terminarla con muchos sacrificios por parte de la familia, vino el problema de cursar la escuela secundaria y luego la educación preparatoria que, después de un fallido intento (por falta de recursos) en el Tecnológico Regional de Morelia, logró culminar en la ciudad de Zitácuaro.

Finalmente, y con grandes esfuerzos de su parte (trabajó todo el tiempo para poder costearse sus estudios), Wenceslao terminó su carrera de biólogo en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, que cubrió entre los años1974 y 1978. Alumno destacado, no desdeñó jamás los problemas de su escuela y desde entonces mostró claramente sus inclinaciones sociales. Los conoció, los estudió y en ocasión propicia les hizo frente poniéndose a la cabeza del movimiento estudiantil que tuvo lugar en la Escuela de Biología donde estudiaba, en el ciclo lectivo 1977-1978.

Preocupación por el futuro
El maestro Wences platicaba mucho del momento en que la organización creciera y le preocupaba que llegara al momento en que está ahora, porque decía que su crecimiento haría más difícil el control de sus miembros, ya que la disciplina y el trabajo no les gusta a muchos militantes.

Por lo mismo nos invitaba a estudiar mucho, a prepararnos teóricamente y a trabajar siempre en la solución de los problemas de la organización de los pobres. 

Ya en el trabajo, ya en campo, en la lucha, él se daba a la tarea de preguntar a cada uno qué hacía y cómo le iba en su trabajo como activista.

Me acuerdo mucho de esto porque las reuniones de trabajo con él terminaban a las cuatro o las seis de la mañana, y antes de éstas se había sentado con cada uno a preguntar el contenido de sus informes, a indicar lo que les faltaba, a sugerir lo que debían quitar o poner, a criticar sólidamente errores y a corregirlos; personalizaba esas recomendaciones y establecía un vínculo especial con los demás luchadores sociales. Siempre recordaba que un líder hace más líderes; que está mal que el luchador social haga todo solo y que crear líderes para el pueblo es cuestión de vida o muerte.

Me acuerdo mucho que el maestro Wences confortaba a todos sus compañeros comentando con ellos los problemas que enfrentaban en la lucha política y aun se daba el tiempo de jalarles las orejas en el momento oportuno.

Más responsabilidades
En el artículo dedicado a su memoria hallamos más características de este luchador social: “La enumeración, casi idéntica en todos los casos, de los logros impulsados por la voluntad de la lucha de Wenceslao Victoria y por su absoluta y leal entrega a las causas populares, podría continuar, sin ninguna exageración, colonia por colonia, hasta completar 16.

Como es fácil darse cuenta, esto bastaría para hacer de cualquier vida una vida digna del reconocimiento y del respeto de sus semejantes. 

Pero la actividad de Wenceslao no se limitó a eso. Fundó, dirigió y orientó durante varios años las Casas del Estudiante Espartaco y José Martí de Morelia y Uruapan, Michoacán; dirigió, durante varios años también, el frente campesino del Movimiento Antorchista en el mismo estado; participó activamente en la Comisión Nacional Popular de la Dirección Nacional Antorchista, responsable de supervisar y dirigir el frente popular de dicho movimiento en todo el país, llegando finalmente a conquistar el puesto de Presidente de dicho organismo y, por último, participó como el mejor en los duros trabajos de análisis y conducción de la propia Dirección Nacional.

Siempre se le vio con un libro en la mano, listo para leerlo en cuanto se presentara una oportunidad. Amante del arte y la música, gustaba decir que Huapango, de Pablo Moncayo, era el segundo Himno Nacional.

Y eso lo decía en un tiempo en que no era tan popular como hoy. Siempre se dio tiempo para practicar el deporte y jaló a sus compañeros a hacerlo. Era un hombre bien enterado de las noticias de su tiempo.

Su herencia
Material, ninguna. Todo lo que poseyó fueron sus libros, no tuvo bienes personales. Nunca se adueñó de nada.

Su biografía sigue: “Pero no solo en su capacidad de trabajo práctico estaba el valer de Wenceslao como luchador social. Como dirigente teórico dejó también una profunda huella y una valiosa herencia entre todos sus compañeros.

Ante el derrumbe del socialismo en los países de Europa Central y Oriental, por ejemplo, él nunca perdió su fe en el socialismo y en las mejores causas de la humanidad. Sostenía que, así como los grandes movimientos de masas de oprimidos y explotados de la historia del mundo no habían surgido con Marx, ni eran patrimonio exclusivo de este gran filósofo y economista, tampoco había por qué dar por terminada la lucha del marxismo a partir de la aparente o real derrota del socialismo en el viejo continente.

La lucha revolucionaria de las grandes masas explotadas del mundo, decía Wenceslao, se inició prácticamente con los primeros filósofos dignos de tal nombre, los filósofos milesios, que establecieron por primera vez la primacía de la materia sobre el espíritu; se continuó con los primeros dialécticos, Heráclito de Éfeso, Demócrito de Abdera y Epicuro; siguió con los primeros creadores de las grandes utopías, Moro y Campanella y más tarde, con Owen, Fourier y Saint Simón, estuvo presente en el espíritu de la Revolución Francesa a través de La Mettrie, Diderot, Meslier, Morelli y Mably, y llegó, finalmente, a Marx y Engels que, desde este punto de vista, no fueron otra cosa que los grandes recopiladores y sintetizadores de todo el pensamiento revolucionario anterior a ellos.

Pero la causa fundamental de todos esos esfuerzos, decía Wenceslao, la desigualdad, la injusticia, la explotación de la mayoría por una minoría privilegiada, sigue vigente, y por ello la lucha no puede ni debe terminarse, cualesquiera que sean los rumbos y las enmiendas que haya que adoptar en el futuro.

Para alimentar su optimismo inagotable, Wenceslao solía citar la frase de Skovoroda, el filósofo ucraniano: “La verdadera felicidad no es egoísta y cuantos más sean los participantes en ella será más dulce y efectiva”. 

Bondad
¿Qué significa que un gigante del pensamiento diga de Wenceslao Victoria Soto que fue un hombre bueno? Así se expresó de este hombre el ingeniero Aquiles Córdova Morán, uno de los mexicanos más reconocidos por su amplia cultura y posición política siempre a favor de los más humildes de la nación y pilar del recuerdo de Wenceslao. La bondad de un hombre se siente y se entiende.

Se siente y se entiende en el pecho del pueblo sencillo, una de cuyas voces es Maricarmen Silva; se siente y entiende en el pensamiento profundo del maestro Aquiles Córdova: es la bondad de un hombre superior, la bondad en su más alta expresión, la que está dedicada a hacer bondadosos a todos los hombres.

Wences fue un hombre bueno.