EDITORIAL

La desesperación del imperio

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Buzos de la Noticia

El silencio cómplice del imperialismo cuando en Venezuela los opositores al gobierno de Nicolás Maduro trataron de adueñarse del poder mediante un golpe de Estado se convirtió en griterío y protesta cuando aquel Gobierno impidió con energía la intentona. Ahora, de nuevo guarda silencio ante los intentos de reelección anticonstitucional en Paraguay que han desencadenado movilizaciones de protesta y la acción represiva del gobierno proimperialista de Paraguay.

Estas reacciones, solo en apariencia distintas, son parte de una política general contra toda posición democrática y nacionalista, contra lo que se oponga a los intereses de los grandes consorcios y en favor de aquello que fortalezca su dominio en el continente americano y en el mundo.

El imperio ha perdido la paciencia ante el fracaso de sus intentos por vencer la resistencia de la República Bolivariana de Venezuela; él, que se jacta de ejercer la democracia perfecta, ha tenido que emprender una feroz lucha contra un Gobierno democrático y ha fallado en su objetivo de derrocarlo mediante golpes de Estado para implementar la dictadura del capital; él, que dice luchar por la paz, se entromete en los asuntos internos de países de Medio Oriente y una de sus hazañas más recientes es el bombardeo contra territorio sirio; él, que condena las pruebas nucleares de Corea del Norte, no renuncia a su armamentismo con miras a la supremacía mundial; él, que llama violento al Gobierno de Nicolás Maduro por frenar a los golpistas, no condena la represión y el golpe parlamentario en Paraguay, antesala de una reelección ilegal. Es el mismo imperialismo cuya democracia representativa exhibe toda su falsedad al encumbrar a Donald Trump, un lunático racista y xenófobo.

El Gobierno de la República Bolivariana ha resistido todos los intentos por doblegarlo, el financiamiento de grupos opositores, el bloqueo económico, el bombardeo mediático desde el exterior; y esta resistencia ha llegado a desesperar al Gobierno y a los intereses monopólicos estadounidenses; pero el desquiciamiento que sufre el imperio no se debe solamente a la resistencia venezolana y al fracaso de todas sus maniobras de desestabilización; en realidad obedece a sus ansias de apoderarse de las inmensas riquezas petroleras del país; y también a la apremiante necesidad de combatir el ejemplo nacionalista, el símbolo en que se ha convertido Venezuela.

El imperialismo norteamericano ordenó a sus títeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) condenar las medidas que el Gobierno de Nicolás Maduro aplicó para impedir un golpe de Estado promovido por un órgano legislativo en desacato; con ello, la OEA apoya abiertamente la injerencia externa en Venezuela y viola una vez más el principio de no intervención; con ello el imperialismo difunde la imagen que más le conviene y prepara el escenario político internacional, manipulando a la opinión pública mundial para lograr su aprobación en caso de llevar a la práctica la anhelada intervención.

Voces de la Agencia Central de Inteligencia declaran que es el momento de asestar uno de los llamados “golpes suaves” como los que hace años viene aplicando Estados Unidos en todo el mundo, que nada tienen de “suaves” y que ya han puesto en práctica en Venezuela; jefes militares advierten que la amenaza que representan las relaciones de Venezuela con China y Rusia, podrían ameritar una respuesta militar.

Estas declaraciones son una señal de alarma, muestran que éste es un momento de alto peligro para todos los que en América luchan por la libertad, la independencia económica y una verdadera democracia. Nadie debe callar ante esta intención de intervenir en un país hermano.