CLIONAUTAS

El lugar de la providencia en la historia

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Aquiles Celis

La Academia Mexicana de la Historia (AMH) transitó por una viacrucis antes de consolidarse como órgano de análisis plural, pues desde 1919 comenzó a aglutinar en su seno a un disímil grupo de historiadores entre los que resaltaban, por un lado, los sumamente tradicionalistas y por otro se hallaban algunos eclécticos o heterogéneos.

En su periodo inicial, la AMH, consecuente con las motivaciones conservadoras de su nacimiento, recibió a muchos estudiosos de corte eclesiástico que, marginados o simplemente obviados por las corrientes interpretativas hegemónicas del emergente Estado de la Revolución Mexicana de 1910, encontraron en ella un “reclamo contra el olvido”  del historicismo tradicional en el marco de un centro de estudios casi autónomo, pues carecía de subvenciones oficiales.

Dentro de esta gama de historiadores marginados (por llamarlos de algún modo) se encontraba Francisco Elguero*, en cuyo discurso de ingreso de octubre de 1921, intitulado La casualidad de los acontecimientos humanos, cuestionó el método científico, positivista, como único método válido para la reconstrucción del pasado.

Aunque las críticas de Elguero al método positivista provinieron del lado contrario al cientificismo –como el historicismo propio de los trasterrados españoles– el discurso de Elguero vino a ser, quizá sin proponérselo, una constancia de la crisis misma del positivismo, pues puso de manifiesto las debilidades intrínsecas del deseo cientificista de establecer leyes rígidas sobre el pasado.

Sin embargo, Elguero cuestionó consecuentemente al positivismo –con un vasto aparato crítico de interpretación de la historia eclesiástica (de Tomás de Aquino a Chateaubriand)– no por sus anhelos científicos, sino por sus atribuciones de conocimiento único y absoluto de la historia. Y lo hizo poniendo sobre la mesa un aspecto que las leyes positivas del devenir humano no logran explicar: la contingencia y la casualidad en los grandes acontecimientos.

Para el autor, lo casual es obra y manifestación de la providencia y es ahí donde se puede encontrar la participación divina. Con un manejo escolástico de los silogismos, Elguero logró relacionar a Dios con algunos aspectos que se hallan fuera de la voluntad humana.

Y es así como este historiador entrama el devenir humano. Por una parte, la reunión de miles de voluntades humanas en su particularidad conforma un devenir propio y característico, mientras que por el otro lado, velada por la casualidad, la providencia aporta circunstancias que llegan a definir el curso de los acontecimientos, entretejiéndose con la voluntad de los hombres. Es así como surge la Historia para el historiador católico.

Este “discurso”, que es una crítica del método positivista de interpretación, nos remite, también, a la crisis de la historiografía conservadora.

El cambio de centro de gravedad de la providencia, ese traslado del centro a la periferia en los acontecimientos humanos nos revela una época donde el sistema de valores, las condiciones sociales y, en general, el país entero sufrían un cambio absoluto en el que los resquicios de los valores antiguos, representados por la historiografía conservadora, hacían sus últimos esfuerzos por mantenerse con vida. 

Además de lo anterior, el documento es también un vestigio de los sucesos históricos posteriores, las diferencias entre el oficialismo que se constituye como la postura válida en todos los aspectos y todas aquellas expresiones ajenas que ponían de manifiesto, de algún modo, la perpetración del error en la construcción de la Nación.

Hubo un intento por reconstruir ésta dentro de un esquema único que agrupara dentro de sí mismo a todas las posturas disímiles sin lograr comprender que las diferencias eran insoslayables y que la opción de esconder las diferencias solo contribuiría a crear el caldo de cultivo para el renacimiento del estallido social.

Frente a este contexto, quizás no fue casualidad que unos años después dinamitara el conflicto cristero.

*En el anuario de la Academia de la Historia de 2010, no se considera como Integrante de Número a Elguero pues parten de 1952 cuando se comienzan a contar por número los integrantes. Véase en: «Anuario. Relación histórica» Academia Mexicana de la Lengua. Archivado desde el original  el 13 de noviembre de 2015. Consultado el 1º de octubre de 2016. p. 105