SEXTANTE

Luz de luna

 
 
 

En mi anterior colaboración le comentaba, amigo lector, que desde mi modesto punto de vista el premio a Luz de luna (2016), del director Barry Jenkins, como la mejor película en la 89ª entrega de los premios Oscar ha sido una más de las maniobras del establisment de la superpotencia para mantener la idea en los afroamericanos de que “el sistema sí los toma en cuenta” y que los considera “dignos de triunfar cinematográficamente o en otras áreas de la actividad artística, cultural o deportiva”. 

Esto a pesar de que, como todo mundo sabe, las cárceles gringas están abarrotadas de negros y que los tribunales encargados de impartir “justicia” no juzgan ni castigan con el mismo rasero a blancos que a negros, a latinoamericanos y, en general, a las personas que son consideradas como “inferiores” por las elites gobernantes yanquis y una buena porción de la población caucásica que habita en Estados Unidos (EE. UU.).

Son, pues, los afroamericanos los que no solo sufren la brutalidad policial en esa nación, sino también los que tienen –casi por igual que los latinos– los peores empleos, los más altos índices de pobreza, desempleo y marginación en EE. UU.  Por estas mismas circunstancias, la población afroamericana reporta también los más altos índices de drogadicción, criminalidad, alcoholismo, etcétera.

A pesar de la maniobra de la Academia de Ciencias cinematográficas –que solo ha sido el instrumento para administrar un “calmante” al enorme descontento que se ha venido acumulando en la población afroamericana– creo que la cinta Luz de luna tiene elementos de reflexión sociopolítica que permiten asomarnos a la dura realidad en que viven cerca de 60 millones de personas que descienden de los esclavos que los ingleses llevaron a EE. UU. durante más de tres siglos.
Luz de luna es una cinta realista que narra en tres etapas la vida de Chiron: niñez, adolescencia y madurez.

Chiron es homosexual, no solo vive la ya de por sí terrible marginación que representa ser negro, también sufre el rechazo hacia su orientación sexual, el hecho de que su madre haya sido madre soltera y que por su drogadicción jamás se haya preocupado por él, manteniéndolo siempre en el abandono y el desamparo.

En medio de ese ambiente adverso, aunque con muy reducidas “opciones” de vida, Chiron se mueve en una sociedad capitalsta decadente y podrida con el propósito de sobrevivir no solo económica, social y moralmente bien, sino con una pureza de espíritu y optimismo realmente encomiables. 

En la cinta no aparece un solo personaje blanco, ni siquiera como fondo, y gran parte de su fotografía se filma en segundo plano, una decisión polémica, pero al parecer acertada del director.

Luz de luna fue nominada a ocho Oscar, un mérito indiscutible, dados los cánones de la industria cinematográfica yanqui.

Sin embargo, las preguntas siguen flotando en el ambiente social, cultural, etc.: ¿Cuál es la salida a la terrible marginación étnica, clasista, que sufren los afroamericanos en EE. UU. y en gran parte del mundo? ¿Mejoraron acaso sus condiciones económicas, sociales y políticas durante los ocho años que gobernó un afro descendiente en ese país?

¿Por qué en el cine y en otras manifestaciones del arte gringo, hecho por los mismos afroamericanos, no se orienta a esa enorme población para que busque una alternativa diferente que verdaderamente le permita superar sus difíciles condiciones socioeconómicas? Juzgue usted, amigo lector.