PULSO LEGISLATIVO

El efecto Puebla en la elección del Edomex

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Álvaro Ramírez Velasco

Con su lista nominal de 11 millones 23 mil 636 electores –según la contabilidad vigente en el proceso federal de 2015– la elección del nuevo gobierno del Estado de México (Edomex) en junio de este año contiene algunos elementos políticos morbosos de los que dependen la unidad interna, la nominación de su candidato o candidata y aun el destino final de la candidatura presidencial del Partido Acción Nacional (PAN) en 2018.

En el proceso mexiquense están midiendo fuerzas tres opciones políticas panistas, de cuyos pleitos intestinos pueden derivar la desestabilización, la división y aun la anulación de las posibilidades del PAN de recuperar Los Pinos.

Los grupos panistas que desde hace meses se declararon la guerra en Puebla, han trasladado sus enfrentamientos a tierras mexiquenses.

Por un lado están los afines al ex gobernador poblano, el ex priista Rafael Moreno Valle Rosas, representante del arribismo neopanista que se ha empoderado e infiltrado en parte de la cúpula y las bases albiazules, aunque todavía con una fuerza incipiente que, de no crecer exponencialmente en los próximos meses, no le permitirá acceder a la postulación presidencial panista.

Otro bando, el de los panistas de cepa, está encabezado por el ex alcalde de la capital poblana y miembro de El Yunque, Eduardo Rivera Pérez, quien aspira a la gubernatura de Puebla, y durante su mandato de tres años –los primeros del sexenio morenovallista– fue públicamente ninguneado por el expriista y relegado después al ostracismo partidista.

Hoy, Rivera, quien paradójicamente nació en Toluca, enfrenta un proceso en el Congreso del estado por presuntas irregularidades en su mandato que, en el peor de los casos, podría llevarlo a la cárcel y, en el mejor de los casos, anularlo para competir por un cargo de elección popular en 2018.

Para él, un escenario favorable sería el que le permitiera librar este problema y caminar hacia una posible candidatura.

Eso también depende del resultado allá.
Moreno Valle y sus huestes consiguieron con éxito obstaculizar la posible alianza del panismo con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Edomex, la que, contradictoriamente han impulsado en otras entidades y en Puebla condujo a la gubernatura de Rafael Moreno Valle.

Sin embargo, ese grupo falló en su intento de bloquear la candidatura de Josefina Eugenia Vázquez Mota a la gubernatura, quien compite contra Alfredo del Mazo Maza, del PRI, en la tierra de Enrique Peña Nieto.

En tanto, el grupo de Rivera, fiel a Vázquez Mota y enemigo jurado del morenovallismo, participa activamente en la campaña de la ex abanderada presidencial en 2012.

Mientras Moreno Valle es visto dentro del PAN como un agente doble que opera a favor del PRI y de Peña en el Edomex, el de Rivera representa la posibilidad de reivindicación del panismo tradicional en Puebla y en Edomex también.
El resultado del proceso mexiquense dejará para el año próximo consecuencias en la Angelópolis y también nacionales.
Encima, como reza el argumento viejo e infalible, las elecciones mexiquenses son un “laboratorio” y dibujan un bosquejo de lo que podría ocurrir en la presidencial. Ahí, los estudios demoscópicos hasta ahora dibujan un escenario en tercios entre el PRI, PAN y el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). En términos deportivos, no hay nada para nadie y cualquiera podría ganar.

Es ahí en donde la mano y la operación de los grupos poblanos pueden tener un efecto definitorio, al lado de otras circunstancias.

Todo parece indicar que los morenovallistas, entre quienes se encuentran el frustrado aspirante a la gubernatura y ex alcalde de Tlalnepantla, Ulises Ramírez Núñez, que quieren a toda costa la derrota de Vázquez Mota.

Sí, a ellos y a la misma causa de Rafael, les abona más que pierda, pues Josefina Eugenia tiene el apoyo de Margarita Esther Zavala Gómez del Campo y de Ricardo Anaya Cortés, los dos también aspirantes presidenciales del PAN.

Si fracasa Vázquez Mota ellos menguan su autoridad y fuerza. La primera, candidata testaferro del exhabitante de Los Pinos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, y el segundo presidente del Comité Ejecutivo Nacional panista. Visto así, la elección del gobernador mexiquense tiene en la fila de la butaca a Puebla y al PAN e importan tanto sus consecuencias colaterales como su resultado per se.