ESCAFANDRA

Una historia del Yo, según Marcel Mauss

/facebook @twitter
Ángel Trejo

En otro de sus ensayos célebres el etnólogo Marcel Mauss (Francia 1872-1950) se plantea la pregunta cómo y cuándo surgió el Yo como expresión del sujeto que es consciente de su distinción individual con respecto a sus semejantes, ante evidencias de que en las comunidades humanas más antiguas existió una conciencia colectiva que ceñía a sus miembros a pensar y actuar como personas indivisas pero mentalmente integradas a una misma entidad familiar o tribal. En su rastreo histórico Mauss cita dos referentes opuestos relacionados con este asunto.

El que le brinda sustento para invocar la existencia de una conciencia colectiva muy amplia en las comunidades antiguas lo halla en el poema épico Mahabharata -escrito entre los siglos IV y V antes de nuestra era (a.n.e.), pero que hace alusión a hechos posiblemente ocurridos 15 mil años antes- cuando el dios Visnú instruye al héroe Arjuna: “tú eres el universo”; es decir, tú eres naturaleza, tú eres tu grupo social, tú eres pueblo.

En la misma cultura hindú Mauss encuentra un primer indicio de individualismo “egoísta” en la noción aham kara (construcción del yo en sánscrito), de uso vigente en una etapa posterior previa al surgimiento de la doctrina filosófica de Sidarta Gautama (Buda), que a partir de finales del siglo V a.n.e. se abocará a combatir el egoísmo en el hombre con el argumento de que el Yo es “solo una cosa ilusoria”.  Mauss aclara que del sánscrito aham proviene el concepto latino ego (yo) y que su construcción (kara) pudo darse a lo largo de los muchos siglos que mediaron entre el mitológico Arjuna y el histórico Sidarta.

Mauss no especula con estos asertos mitológicos, pero en el curso de su análisis histórico y etnológico descubre que en algunas comunidades del Pacífico Sur, del Brasil amazónico  y de la Norteamérica indígena, todavía a finales del siglo XIX se conservaban estructuras sociales y culturales del más remoto pasado  –indios Pueblo (zuñis, cíbolas, texas, etc)- donde los individuos confundían su personalidad con la de sus familias, tribus, clanes, fiestas, dioses, tótems, propiedades, estaciones temporales, y usaban dos o más nombres, según sus edades, acciones, sueños, reencarnaciones, etc.

Es decir, su individualidad dependía de sus creencias y su entorno social, no de sus particularidades individuales. En la misma Europa medieval y escolástica, dice Mauss, la percepción del individuo plenamente “egoísta” no estaba aún madura y la persona era visualizada como una “sustancia racional indivisible e individual” porque no se le consideraba “judío, griego, romano, esclavo o libre, hombre o mujer” y era “uno en Cristo”.

El Yo actual –es decir el “yo burgués”- habría de surgir plenamente en el siglo XVII cuando René Descartes formuló el racionalismo moderno con base en su famosa clave idealista (cogito ergo sum: pienso, luego existo) con la cual reivindicó al individuo enteramente libre de prejuicios religiosos y pecados, con derechos y dones para comunicarse con Dios y aun para convertirse en su propio sacerdote…”. Los ensayos de Marcel Mauss están reunidos en Sociología y Antropología, libro publicado por la Editorial Tecnos, Madrid 1979.