EDITORIAL

Limpieza social

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Buzos de la Noticia

No nos referimos a la limpieza social que debería correr a cargo del gobierno para que todos los miembros de la sociedad vivan a gusto y con buena salud; limpieza de las ciudades, de calles, avenidas, jardines y edificios públicos; se trata de una de las más inhumanas funciones del Estado pero de las más propias de él, dada su naturaleza de instrumento de la clase social dominante interesada en perpetuar el statu quo con todas sus injusticias y desigualdades, con su esencia de gendarme de la opresión sobre la mayoría y vida tranquila y placentera de un privilegiado grupo minoritario.

El gobierno, la autoridad, ese componente del Estado que vela por que el orden imperante no sea perturbado, por que las relaciones de producción no se alteren y los trabajadores soporten en silencio la miseria y el enriquecimiento de sus explotadores; trata de ocultar, disfrazar y hacer invisibles las fealdades resultantes del sistema social injusto, para tranquilidad de la clase social poseedora del capital.

De esta limpieza social se trata: de la eliminación física de la gente más pobre, mal vestida, enferma, inválida o embrutecida y que a juicio de las autoridades no es “presentable” a los ojos de todos los demás.

Los gobiernos limpian la ciudad, desalojando a los indigentes, a los habitantes de las calles, los desplazan a la periferia, los persiguen, encierran y desaparecen. Así vela el gobierno por la tranquilidad de la clase a quien sirve. Claro que tiene otras maneras de ocultar la existencia de los indigentes: borrándolos de sus registros oficiales, disminuyendo su número en los reportes estadísticos, acosándolos hasta convertirlos en criminales para después encerrarlos, expulsándolos así de las calles más concurridas de la gran urbe. Y esto lo hace en la Ciudad de México un gobierno emanado de la “izquierda”.

Limpiar de indigentes la ciudad es la asombrosa función que ahora han asumido las instituciones que presumen de representar a toda la sociedad; sus actos inhumanos contradicen y refutan sus palabras; dicen proteger los derechos humanos, pero sus hechos los desenmascaran y los presentan como persecutores de esos mismos derechos.

Quienes viven en las calles representan el extremo a que se encamina la pobreza; perseguir a los más pobres es atentar contra su existencia como hombres, es privarlos de su último derecho: el de existir.

El reporte especial de esta semana se refiere a la muy particular forma de defensa de los derechos humanos que ejercen los partidos de “izquierda” que gobiernan la Ciudad de México.