INTERNACIONAL

China traza la ruta de la seda del siglo XXI

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Nydia Egremy

Por más de un milenio, China fue el punto de partida de la red de caminos de ocho mil kilómetros llamada Ruta de la Seda, que nacía en el corazón de Asia y llegaba a Occidente.

Ese recorrido de caravanas y barcos alentó el diálogo intercultural, comercial y científico-técnico en lo que entonces fue el primer gran mercado común global de bienes muy valiosos y sofisticados servicios de transportes y embarques. En el siglo XXI, la estratégica expansión global de China moderniza y extiende esa añeja red hacia Europa, Asia y África en aras del desarrollo compartido.

Revivir la Ruta de la Seda pasa por reconformar la geografía mundial. El trayecto China-Europa será vía Kazajastán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Francia y España, y el del Sureste Asiático y África accederá por Tailandia y el Océano Indico. Ese periplo ideado por Beijing se acerca a la utopía de tres continentes interconectados en una región que algunos ya denominan Eurasiáfrica o Asieuroáfrica.

El objetivo del plan –que formalmente se llama Franja Económica de la Ruta de la Seda y Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI o Cinturón Económico– es crear una red de transporte e infraestructura que activen la integración inter-regional y desarrolle zonas tan diversas como Asia Central, Sureste Asiático, Medio Oriente, Europa Oriental y Occidental. Para algunos, el objetivo secreto de China es salir del cerco marítimo y terrestre que le ha impuesto Estados Unidos (EE.UU.)

El plan ya está en marcha. China ha alentado al sector industrial y económico en sus zonas pobres para vincularlas con Asia Central y Rusia. De esta forma busca atraer inversiones extranjeras y equilibrar el ingreso de esas áreas con las ricas provincias costeras. Al exterior proyectó seis corredores multinacionales: 1) China-Mongolia-Rusia, 2) China Central y Asia Occidental (que proveerá gas y crudo y estabilizará las fronteras al norte y sur). Los siguen: 3) El Nuevo Puente Terrestre Euroasiático 4) China-Brasil; 5) Península Indochina y 6) Bangladesh-China-India-Myanmar, que reforzará el comercio con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático e India.

Las obras del Cinturón Económico entre Asia y Europa generarían bonanza económica en 40 países. Su costo estimado es de 900 mil millones de dólares, que financiarán el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (BAII), el Banco de Desarrollo de China y el Fondo de la Ruta de la Seda. Más de 60 países han presentado unos 900 proyectos y se han invertido 10 mil millones de dólares en los relativos a energía (carbón y gas, minería, electricidad, telecomunicaciones, infraestructura y agricultura).

El Diálogo sobre Conectividad Industrial Asia-Europa (con 53 miembros y organizacion es internacionales) coordina ese gran proyecto, que además de incluir vínculos terrestres y marítimos, gasoductos y oleoductos entre Asia Central y del Sur, contempla programas educativos, laborales y turísticos para consolidar la base social de los países involucrados.

Más que dinero
Para analistas como Johan Galtung, de Global Issues, la nueva Ruta de la Seda confirma que China no sólo cambiará la geografía mundial, sino que impactará en el uso y el aprovechamiento de la tierra, el aire, las aguas y el internet.

La inversión de miles de millones de dólares de Beijing en puertos y ferrovías que conecten a Europa, Asia Central y del Sur, es más geopolítica que un plan de beneficencia chino. Así rompería el cerco marítimo y terrestre que Washington le impuso con la crisis en el Mar del Sur, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, estima Juan José Alarcón, del Global News Network.

China es considerada en Asia Central como el mejor socio, pues los gobiernos – la mayoría autocráticos– agradecen que no interfiera en sus asuntos internos. Y para sus vecinos del Sureste Asiático, también representa un atractivo inversionista que no presiona en su política interna.

El gran premio del plan también llamado Yi dai, Yi Lu (Un Cinturón, Un Camino) es nada menos que Europa: el más grande y rico mercado. Beijing ha invertido en ferrocarriles, puertos, industrias y bancos de Grecia, Serbia y Hungría y planea construir puertos de entrega desde Grecia a Holanda, según Keith Johnson de Foreign Policy. Esa política confirma sin duda que China aspira a tener más influencia diplomática en Europa –y en sus países con economías débiles– como lo ha hecho en África y América Latina, advierte el analista del think tank Oficina Nacional para la Investigación de Asia, Nadège Rolland.

A favor de ese plan operan las mega-empresas estatales chinas, que nacieron del plan de consolidación de industrias para lidiar con los efectos de la crisis. Así, la segunda firma industrial más grande del mundo, la Corporación CRRC, invierte en puertos europeos mientras que la cuarta mayor empresa mundial de fletes, COSCO, construye vías de tren en Europa oriental. Con ellas va el gigante ChemChina que hace compras frenéticas de empresas agrícolas, de llantas, herramientas y maquinaria europeas.

Esa gran inversión económica a lo largo de la Ruta de la Seda consolida el objetivo político: comprar su aprobación política, señala Phillipe Le Corre, de la Brookings Institution. Las inversiones mundiales de China le han ganado grandes victorias diplomáticas: África le dio su apoyo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en 2015 los británicos tendieron la alfombra roja para recibir a Xi Jinping tras su pacto energético.

Giros notables en la diplomacia se observan en el subgrupo “16+1”con 16 países europeos receptores de inversiones chinas: Eslovenia y la República Checa, que antes apoyaban la independencia del Tíbet y hoy respaldan el control de Beijing. Sin embargo, hay obstáculos. Kazajastán, que otorgó a Beijing concesiones en minas y recibió mil millones de dólares en préstamo, debió retirar las adjudicaciones tras las protestas antigubernamentales de abril. Y el Parlamento Europeo, opuesto al plan geopolítico chino, le retiró su apoyo en el conflicto del Mar del Sur.

Esos trances sugieren que en el Viejo Continente hay un límite a la influencia que pueden comprar las inversiones chinas y que, pese a lo atractivo de la iniciativa Un Cinturón, Un camino, los europeos odian admitir que China los rescató.

EE.UU. vs China
Es paradójica la actitud de Washington hacia Beijing. Por un lado, insta al coloso asiático a ejercer un liderazgo acorde con su creciente fortaleza y apoyar con más recursos a los objetivos globales. Sin embargo, la potencia imperial critica a China cuando asume más responsabilidades (como la iniciativa del BAII). A EE. UU. no le gusta el protagonismo chino; para frenarlo, lanzó el TPP y el conflicto con Japón y Filipinas, pero como explica Galtung, “en la memoria de las personas están frescos los asesinatos masivos estadounidenses en Corea y Vietnam”.

En Asia hoy se confrontan dos políticas: la de EE.UU., que postula “todos, menos China” y la de Beijing, que propone “abrirse a todos los países en un amplio proyecto de infraestructura”. El pronóstico es que los estados asiáticos jugarán a favor de China; por ello la superpotencia intenta adelantarse y ganar voluntades en India, Nepal y Mongolia. Pero la historia está del lado de Beijing, pues su diplomacia nunca ha sido colonialista (no “chiniza”), hace ofertas que garantizan buenos negocios y apela a la negociación pacífica de los conflictos.