REPORTAJE ESPECIAL

Alimentos saludables, fuera del alcance del pueblo

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Martín Morales

En el primer semestre de 2016 parece desvanecerse el “histórico equilibrio” financiero multiproclamado en 2015 por el gobernador del Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, porque ahora está sucediendo lo que tantas veces negó: que la devaluación –de aproximadamente 30 por ciento del peso frente al dólar– tendría un impacto inflacionario en el precio final de los productos de consumo generalizado.

Este repunte alcista está pegando más a los productos alimenticios naturales (materias primas) que a los industrializados. Según expertos consultados por buzos, este fenómeno además de incrementar el consumo de alimentos industrializados comporta riesgos sanitarios para los integrantes de muchas familias de bajos ingresos.

De este modo, la inflación también actúa en favor de los negocios de los corporativos agroalimentarios industriales y comerciales porque al afectar más a los precios de los productos naturales, se fomenta el consumo de los industrializados.

Otra consecuencia del fenómeno es la profundización de las enormes disparidades que hay entre las grandes empresas agroindustriales –la mayoría trasnacionales– y los empobrecidos campesinos mexicanos dedicados a la producción de alimentos básicos.

Reducción del poder adquisitivo
Por lo que respecta al ingreso, como se sabe, la inflación golpea más a los trabajadores de menores ingresos, quienes perciben de dos a tres salarios mínimos diarios en promedio e integran el mayor contingente laboral del país.

El miércoles 27 de enero, el secretario del Trabajo y Previsión Social (STPS), Alfonso Navarrete Prida, rechazó que la depreciación del peso frente al dólar fuera la causa del aumento en los precios de productos básicos registrados a inicios del año y negó que esto vaya a reducir el poder adquisitivo de los salarios, pues afirmó que el año pasado la inflación cerró en menos del dos por ciento, mientras el incremento al salario mínimo general (SMG) fue de 4.2 por ciento, lo que representa un incremento de más del doble del nivel inflacionario.

El aumento al SMG fue de 2.94 pesos a fin de integrar una cuota de 73.04 pesos diarios. El discurso de Navarrete Prida coincide con el anuncio de Basilio González Núñez, presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), quien el 11 de diciembre de 2015 informó sobre el nuevo SMG; en esa ocasión el funcionario aseguró que como el nivel de la inflación de ese año había sido de dos por ciento, el incremento salarial de 4.2 implicaría una recuperación del salario de 4.8 por ciento, aludiendo a la inflación como una constante y no como una variable.

Sin embargo, la inflación real de 2015 no fue “menor al dos por ciento”, como dijo Navarrete Prida, ni “del dos por ciento”, como señaló González Núñez, sino de 2.13.

En esa misma ocasión, ambos funcionarios indicaron que como Banxico ha calculado una inflación del tres por ciento este año, habría una nueva recuperación del salario en un tercio de ese porcentaje; como si el dato calculado por Banxico fuera también una constante y no una variable sujeta a las contingencias económicas y a los indicadores de la inflación real.

La supuesta recuperación salarial citada por el titular de la Conasami supone que la vida del trabajador empezó en 2015, pues no toma en cuenta la depreciación real acumulada del SMG en al menos 15 años, que ya alcanza 79 por ciento, según análisis del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y entre 70 y 75 por ciento, según otros especialistas.

Además, los mismos analistas privados que Banxico consulta periódicamente elevaron de 3.10 a 3.38 por ciento su estimado de inflación para 2016.

En contraste con lo dicho por el titular de la STPS (de que nada tiene que ver la depreciación del peso con el incremento de precios), los especialistas económicos consultados por Banxico dijeron que los cambios en la paridad cambiaria se han empezado a trasladar a los precios finales al consumidor (que se habían mantenido controlados por la influencia de la reducción en las tarifas en telecomunicaciones y por la contención de la actividad industrial).

Según reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en enero de 2016, los precios al consumidor subieron 0.38 por ciento, para ubicar la tasa anual en 2.61 por ciento, cifra superior al citado 2.13 de inflación de 2015. Analistas independientes consultados por buzos anticiparon que de continuar o empeorar las condiciones económicas, la inflación repuntará significativamente en los próximos meses.

Contaminación alimenticia
Sobre este escenario nacional, marcado por el incremento en los precios de los productos básicos naturales y no de los industriales, la nutrióloga Xaviera Cabada, especialista de la organización El Poder del Consumidor, resaltó que puede observarse la existencia de dos tipos de consumidores: uno, que busca precio, sin importar que los alimentos adquiridos tengan valor nutricional o no, y, el segundo, que antepone estos valores y coloca en segundo lugar el precio, que sería el caso de las personas con mayores recursos.

La realidad, dijo, es que la mayoría de los mexicanos, debido a sus bajos ingresos, tienden a comprar lo más barato, aun cuando pudiera implicar un riesgo para su salud.

Por ejemplo para quitarse el hambre de manera barata, una persona puede optar por comerse unas galletas, un pastelito o unas frituras acompañadas de un refresco o un jugo endulzado, aunque eso no lo nutra y lo ponga en riesgo de sobrepeso, obesidad o de alguna enfermedad crónica como la diabetes.

Xaviera Cabada dijo que los beneficiados resultan ser los corporativos agroalimentarios, que tienen enorme capacidad de maniobrar con los precios de sus productos sin perder ganancias, porque producen apoyados con subsidios del Gobierno –tanto en Estados Unidos como en México– y, al mismo tiempo, acaparan enormes cantidades de materias primas naturales para la confección a gran escala de alimentos industrializados que pueden ofrecer a mejores precios, que resultan más baratos que los naturales, pero que a la larga implican riesgos para la salud de los consumidores porque contienen productos químicos, azúcares, grasas y sales cuya ingesta contribuye al desarrollo de enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, hipertensión e incluso el cáncer.

“Lo que sucede es que hay un subsidio detrás de los alimentos procesados; existen países como Estados Unidos que subsidian a estas grandes empresas y que producen maíz transgénico para generar grandes cantidades de producto a bajo costo.

Al consumidor final, la industria agroalimentaria aparentemente le ofrece un menor precio, pero realmente en donde lo terminamos pagando es a través de los impuestos, de los programas gubernamentales y de otros mecanismos.

Pero es importante mencionar que jamás en la vida va a ser lo mismo comprar un kilogramo de frijol, que te salga por ejemplo en 20 pesos, que la bolsita de frijol que te salga en 10 pesos; aparentemente hay un precio menor, muchas personas eligen esto, pero hay que recordar que con el kilogramo de frijol natural pueden comer cinco personas y es un alimento con el cual te evitarás enfermedades y, por ende, medicamentos, pues el alimento natural tendrá todos sus nutrientes; el precio de los industrializados es un espejismo; es un consumo basado en la ignorancia, la comodidad y la publicidad engañosa”, indicó a buzos la doctora Cabada.

Inflación y productos industriales
Para algunos analistas del tema del consumo, como la ingeniera agrónoma Rosario Castro, del Observatorio de Precios de la agrupación El Barzón, la Canasta Básica Alimentaria que sirve de base a Banxico para calcular la inflación, está formada por casi 100 productos, entre los que predominan los industrializados que se venden en tiendas departamentales, de ahí que la inflación que perjudica a las personas de bajos recursos, que compran productos naturales en tianguis, mercaditos, recauderías, no se refleja en las estadísticas oficiales.

Es decir, la medición oficial de los precios de los alimentos básicos no se basa en los productos que son materias primas al menudeo para la elaboración de comidas caseras (jitomate, cebollas, frijoles, arroz, etcétera), sino en los artículos industrializados que son vendidos en almacenes comerciales con el propósito de aumentar su oferta mediante precios accesibles y sin perder ganancias, aplastando a los mercados tradicionales que ofrecen productos naturales.

Estos patrones de consumo pueden ilustrarse a partir de un ejemplo de la doctora Cabada: el precio al menudeo del frijol está entre 22 y 27 pesos el kilogramo, mientras los frijoles procesados, precocidos, guisados y condimentados, según los estándares químicos industriales fijados por cada corporativo, son puestos en los anaqueles comerciales en diferentes presentaciones cuyos precios, a diferencia del producto natural, son más reducidos.

La lata de 580 gramos de frijoles refritos cuesta, en promedio, 14.90 pesos; la de 400 gramos, 10.90 pesos; la bolsa hermética de 220 gramos, 5.90 pesos, y la bolsa de 430 gramos oscila entre 11.90 y 12.90, aunque en campañas de cadenas de supermercados que compran a granel, aparece hasta en 8.90 pesos la pieza.

Inflación a la alza
Organizaciones campesinas y populares como El Barzón y su Observatorio de Precios siguen de cerca el impacto de la inflación en 2016 derivada de la volatilidad del precio del peso ante el dólar.

La agrónoma Rosario Castro Iniesta, coordinadora de Investigación del Observatorio, dijo a buzos que “durante 2015 el Gobierno estuvo diciendo que se tenía la mayor estabilidad económica de los últimos 14 años, pero en febrero de 2016 ya hubo un claro repunte de la inflación y el incremento de precios no se está dando tanto en los productos industrializados, como en los naturales.

”Ha habido un incremento en los precios de frutas y verduras que estacionalmente tienden a subir, como limón, jitomate, plátano, papaya; ahorita baja la producción, pero entre enero y febrero, los precios subieron más de lo común, más de la estacionalidad.

También aumentó el precio de la carne de pollo y el huevo; dada la estabilidad de la que ha hablado el Gobierno, tendrían que estar más bajos, pero han tenido incrementos.

Por ejemplo, el kilogramo de huevo de repente está a 22 pesos y luego hasta 30 pesos, la pechuga de pollo a 70 pesos el kilogramo.

La carne de res ha venido subiendo desde 2014 y no para”, resaltó la ingeniera, quien agregó que los precios de las frutas se han elevado 30 por ciento entre enero y marzo, en tanto que el pollo y el huevo han subido entre 10 y 13 por ciento.

La leche, que el año pasado costaba 14 pesos en promedio, este año ha llegado a los 17 pesos en algunas regiones del país”.

En el caso de la tortilla, producto tradicional y básico para los mexicanos, la ingeniera Rosario Castro precisó que si “uno revisa los datos históricos de los precios, el kilogramo de tortilla siempre ha estado alto (15 y 16 pesos) en el norte del país, por la calidad de grano que se utiliza.

En Tijuana se dio un caso especial porque la tortilla aumentó hasta 17 o 19 pesos. No tendrían porqué subirla, pero argumentan el precio del dólar y que los costos de producción son más altos. En el caso del centro y sur del país la tortilla ha subido en promedio un peso.

En 2015 se mantuvo en 11 pesos y ahora está en 12 pesos el kilogramo”. En febrero pasado, el kilogramo de tortilla en Zacatecas alcanzó los 17 pesos y el de frijol los 20 pesos, lo que representó un incremento de 0.38 por ciento al arrancar 2016, a pesar de que esta entidad es una de las principales productoras de granos básicos.

La organización El Barzón ha exigido a la Comisión Federal de Competencia (Cofece) y al Gobierno federal poner fin al control comercial que sobre el maíz ejercen el Grupo Industrial Maseca-Gruma y Suministros de Maíz del Mayab S. A. de C. V. (Sumasa), empresas que concentran 60 por ciento de la capacidad de almacenamiento de grano y les da ventajas económicas y políticas para negociar con el Gobierno. Además de Maseca y Sumasa, que tienen ganancias de entre el 100 y el 200 por ciento, se halla la trasnacional Cargill de México.

Antonio de la Torre, dirigente de la Unión Nacional de Industriales de la Masa y la Tortilla (UNIMT), aseveró que el Gobierno sabe perfectamente quiénes monopolizan la producción y comercialización del maíz y la harina en México, quiénes, por lo mismo, son los que encarecen los precios de estos productos.

Sin embargo, cuando la inflación golpea en este sector, “en lugar de poner en orden a estos monopolios, enfila contra los molineros y dueños de tortillerías”, porque todos o la mayoría son pequeños o micro empresarios.

En contraste con el apoyo abierto que el Gobierno brinda a las grandes empresas agroindustriales, los pequeños productores nacionales tienen que batallar mucho para lograr algunos beneficios solicitados para facilitar sus tareas económicas.

Tal es el caso, por ejemplo, de la solicitud que campesinos y pescadores hicieron a finales de 2015 a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para que redujera de 7.90 a 7.37 pesos el precio del litro de diésel agropecuario y pesquero a partir del 29 de enero de 2016.

La respuesta a esta demanda se mantenía en suspenso a principios de marzo con el argumento de que “faltaban los lineamientos operativos”, a pesar del inminente inicio del ciclo primavera-verano 2016.

Los campesinos han demandado también la implementación de un sistema de compras consolidadas de semillas y fertilizantes y una disminución  de la tarifa eléctrica. “Desde el 22 de diciembre de 2015 y luego el 29 de enero de 2016, el Gobierno prometió que habría una reducción del diésel, pero hasta ahora (mediados de marzo) no se le ha dado a los productores los lineamientos de cómo operar con esos precios”, apuntó la ingeniera Rosario.

El ingeniero agrónomo Víctor Suárez Carrera, director de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo (ANEC), afirmó también que el proceso devaluatorio del peso frente al dólar ha comenzado a repercutir en los precios de los alimentos básicos en el país porque la mayoría de las semillas, fertilizantes y plaguicidas que utilizan en la producción agropecuaria nacional se importan o están bajo control de los tres monopolios extranjeros que estandarizan sus precios con el valor del dólar, como es el caso de Monsanto y Pionner, que producen y comercializan 85 por ciento de estos productos en el país.

Panorama sombrío
Si se toman en cuenta las previsiones de especialistas, incluidos los investigadores privados consultados por Banxico, el repunte de la inflación en el primer trimestre de 2016 es apenas un preludio de lo que podría venir este año si continúa, como se anticipa, la volatilidad financiera y cambiaria, en particular la paridad peso-dólar, que el viernes 18 de marzo de 2016 cerró en 17.34 pesos. A estos factores económicos negativos se suman otros como la reducción de los ingresos por la venta de petróleo crudo y la desaceleración industrial nacional.

“Nosotros creemos que los precios de los productos básicos van a seguir subiendo en 2016, pues apreciamos una tendencia al alza que va a seguir depreciando el poder adquisitivo de los trabajadores”, afirmó a este medio la agrónoma Rosario Castro.